Virgen María de la Carrodilla, Madre de Jesús y Madre nuestra muy amada. El Padre Todopoderoso te ha otorgado especial protección sobre campos y viñedos, para preservarlos de las plagas malignas y del furor de las tormentas, que pueden sumirnos en la pobreza y hacernos desconfiar de la Divina Providencia.

Por eso Señora, queremos recordar que Jesús dice: Yo soy la Vid verdadera y mi Padre el viñador. Yo soy la vid y ustedes las ramas. Si alguien permanece en mi y yo en él, produce muchos frutos, pero sin mi no pueden hacer nada.

Tu eres la Patrona de los Viñedos, la Iglesia es el viñedo, la que necesita de tu protección e intercesión, sobre todo cuando somos podados y nuestros sufrimientos nos hacen brotar lágrimas amargas y angustiosas. Pero Tú María; nos recuerdas con tu ejemplo la necesidad de pasar por la purificación del dolor y renovar nuestra savia espiritual para dar nuevos frutos y no secarnos en nuestra soledad o indiferencia.

Ayúdanos a ser como tú, aceptando la voluntad del Padre, buscando la fortaleza en el Hijo y llenándonos con el Amor del Espíritu Santo para vivir auténticamente la Fe, la Esperanza y Caridad. Amén.

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